El regalo que me ha traído el Tomte – El nacimiento de un Prosultor

por Eugenio Moliní

El Tomte actual es la fusión que se ha producido en Escandinavia entre el de Papá Noël, Santa Claus, Sankt Nikolaus, Leprechaun y la gente menuda del bosque que vivía tradicionalmente en las granjas nórdicas. Esta fusión ha llevado a que sea el Tomte el que trae en nochebuena los regalos de Navidad.

Este año me ha traído un regalo muy, pero que muy añorado. Por lo visto he sido lo suficientemente bueno como para merecerlo y marca un cambio cualitativo importante en el proceso de desarrollo de mi faceta de profesor.

Entre Navidad y fin de año recibí un mensaje de Stina, la Directora de Innovación, Aprendizaje y Desarrollo Organizacional de una empresa Escandinava del sector de seguridad. Stina participó en el taller de tres días sobre Participación Genuina que impartí en Helsingborg en agosto del 2010. Traduzco del sueco íntegramente su mensaje.

Eugenio:

Gracias por el taller de Participación Genuina de agosto de este año. Allí te hablé de la red interna de agentes de innovación y directores de procesos de mejora y cambio que tenemos en (nombre de la empresa y enlace a su web).

Hemos formado a todos en gestión del cambio pero ahora consideramos que necesitan algún tipo de input para mejorar su capacidad. Pensamos que un taller de Participación Genuina es justo lo que necesitan.

Los participantes serían de tres categoría:  jefes de línea de alto nivel jerárquico, directores de proyectos y      especialistas en facilitación y mediación.

¿Sería posible que vinieses a Estocolmo a impartir un taller de Participación Genuina para ellos? Las fechas sería dos o tres días a finales de febrero. Por favor dime si necesitas saber algo más y lo que nos hace falta hacer para que el taller sea posible.

Saludos cordiales desde un Estocolmo muy nevado y a -18ºC.

Mi contestación fue:

Stina:

Vendré con gusto a Estocolmo a finales de febrero. Propongo el 23, 24 y 25 de febrero para la ejecución del taller. Dado que el taller es “in house” te propongo que elijas entre tres variantes:

1) Taller estándar. Imparto el taller como si fuese un taller abierto, igual que el que atendiste en agosto en Helsingborg. El taller tiene entonces carácter de formación con ejercicios genéricos para aprender vivencialmente lo que enseño. Si trabajamos algún caso será uno de mi propia cosecha.

2) Taller adaptado. Para adaptarlo necesito mucha más información ya que los ejercicios y la secuencia de los contenidos dependerán de los conocimientos y experiencia previa de los participantes. El taller conserva un carácter eminentemente formativo y si trabajamos algún caso será uno que haya ocurrido en tu organización y que tú y yo hayamos preparado previamente.

3) Taller de trabajo. El taller es a la vez una formación y un proceso de consulta. El hilo conductor del taller lo marcan los casos en los que los participantes presenten, (en los que esté trabajando actualmente. Trabajamos participativamente en la sala con los casos , aplicando a estos los conceptos, modelos y métodos de la Participación Genuina.

Cada alternativa tiene sus ventajas. Más valor añade la tercera, que también requiere un alto grado de compromiso y transparencia por parte de los participantes. Menos compromiso de los participantes requiere la primera.

Más económica sale la primera ya que no necesito ningún tiempo de preparación. La segunda es la que tiene el precio total más caro ya que requiere de mí mucho más tiempo de preparación. Mis honorarios por día son más elevados en la tercera. Desde mi punto de vista el mejor ROI lo ofrece la tercera variante.

Te propongo una conversación por Skype para concretar.

Saludos cordiales desde una Cataluña soleada y a +13ºC

Hace años que ofrezco a los participantes en mis talleres la oportunidad de presentar casos en los que están trabajando. Así pueden al mismo tiempo recibir apoyo aplicando a sus proyectos la Participación Genuina y ver en acción en la sala la Participación Genuina mientras los demás “alumnos” trabajan en el caso presentado.

Pero es la primera vez que me atrevo a ofrecerle a un cliente organizacional la posibilidad de que me contrate para trabajar desde esta metaposición absoluta:

–       hago consultoría sin tener responsabilidad por la ejecución, sino interviniendo a través del trabajo de los responsables de línea y de proyectos,

–       enseño desde la posición del facilitador del proceso de aprendizaje; ayudando a que emerja la participación genuina en la organización del cliente utilizándola como método de trabajo en la sala.

–       dejo que el taller sea dirigido por las necesidades de proyectos reales y actuales, no por la secuencia de contenidos ideal.

Desde luego que Stina ha elegido la tercera alternativa. En este proyecto, aunque de pequeña envergadura, puedo por primera vez trabajar integrando completamente mi tradicional rol como consultor y mi nuevo de profesor. Los que me hayan seguido en este blog sabrán los quebraderos de cabeza que me ha dado el empezar a enseñar y asumir el rol de profesor.

Manel Muntada escribió recientemente en su blog la magnífica entrada   “¿Por qué llamarle consultoría?” Su lectura me hizo recuperar una idea que se me ocurrió en el 99 pero que encerré en un cajón por no atreverme a ponerla en práctica: la de llamarme Prosultor. La idea original del 99 era que el pro venía de pro-cesos y el sultor de con-sultor. Ahora se me ocurre que también puede incorporar el significado de pro-fesor.

No quiero ni pensar en la otra posibilidad de combinación entre las dos palabras con-sultor y pro-fesor: con-fesor. ¿Quizás sea el lado oscuro del prosultor?

El tiempo dirá, pero en estos momentos me siento muy ilusionado con el regalo que me ha traído el Tomte.