Todos los caminos son buenos menos los malos

por Eugenio Moliní

Campo de hitos. Stenkusten. Gotland

Podría diagnosticarme a mí mismo como un emprendedor compulsivo porque cada vez que un proyecto ha cuajado se me ha ocurrido una idea nueva y me he dedicado a ella antes que esperar a recoger los frutos del proyecto que había cuajado. Al principio de cada nuevo proyecto suelo caer en la tentación de seguir los consejos de alguna de las muchas listas con recomendaciones sobre lo que un emprendedor ha de hacer para llegar buen puerto con su proyecto.

Los que las escriben o son emprendedores cuyo proyecto consiste en recomendar a otros cómo construir el suyo o ex-emprendedores que ya han llegado a donde querían y a posteriori construyen una versión elegante de cómo lo han hecho.

Seguir sus listas a priori no me ha servido nunca más que para perder el tiempo y el dinero. Y a posteriori nunca he sido capaz de describir lo que he hecho para llevar un proyecto al punto de cuaje.

Toda persona que haya hecho mayonesa en casa sabe que el momento de mayor incertidumbre es justo antes de que cuaje. Mi proyecto actual está a punto de cuajar y el nivel de incertidumbre me corroe. La mayoría de los indicadores apuntan que esto va a cuajar, pero …

Para mantener la motivación a través de la incertidumbre no se me ocurre otra cosa que recordarme a mí mismo que todos los caminos son buenos menos los malos, y que nunca he sabido la diferencia hasta que he recorrido un buen trecho.