Trabajar para hacerse obsoleto y cobrar por hacer nada

por Eugenio Moliní

Estoy trabajando en Estocolmo con la Agencia sueca de Protección de la Naturaleza. Hace unos minutos que he abierto una reunión cuyo objetivo es la armonización de las políticas de Compra Verde del sector público (Green Public Procurement GPP)oen los países ribereños del Báltico, en la que participan representantes de Suecia, Finlandia, Noruega, Estonia, Letonia, Polonia, Alemania y Dinamarca. Faltan Lituania, y Rusia, que han mostrado interés pero que no han podido mandar a las personas que más saben sobre este tema de sus países.

La apertura ha ido  bien, los participantes han hecho ellos mismos la agenda de la reunión de dos días y ahora están trabajando solos. Cuando las cosas van así de bien no me queda más que hacer en en el resto del encuentro. En este caso me quedan dos intervenciones que hacer. A última hora de esta tarde facilitaré una sesión plenaria, estructurada en red 1.0, con el objetivo de permitir que el conocimiento tácito de los participantes aflore y sea asequible en las sesiones de mañana. La otra intervención que me queda será más que nada testimonial ya que se trata de cerrar la reunión mañana a mediodía.

Las mejores reuniones son aquellas en las que menos hago. En varias ocasiones he hablado con consultores que me cuentan que acaban hechos polvo tras cualquier intervención en la organización de sus clientes. Mi respuesta es que dependiendo del tipo de consultor que uno quiera ser, tendrá que trabajar más o menos. Cuando yo trabajo enseñando, sea por medio de formaciones o por medio de talleres, tengo la responsabilidad por transmitir mis conocimientos a los alumnos/ participantes, y por lo tanto he de trabajar mucho para ganarme mis honorarios. Pero cuando trabajo como consultor, mi tarea es ayudar al cliente a que emerja el conocimiento que ya existe en su organización y a que las distintas perspectivas sobre el asunto que quiere resolver dialoguen para encontrar la mejor solución posible.

Como profesor, cuanto menos trabaje yo, menos valor añado y menos aprenden los alumnos. Pero como consultor es al revés: cuanto menos trabaje, más trabajan los participantes y más valor añado.

Me ha llevado muchos años ser capaz de trabajar para hacerme obsoleto y cobrar por hacer nada. Pero es que es la única forma de facilitar reuniones en las que los participantes ejercen desde la responsabilidad por sus propias contribuciones y la total autonomía.