Resistencia es asistencia

por Eugenio Moliní

En nuestro entusiasmo por el cambio que queremos introducir (sean las web 2.0. un nuevo estilo de gestión, una mayor transparencia, la igualdad de sueldo a igualdad de responsabilidades, etc.)  se nos olvida que para que algo cambie, algo tiene que continuar.

Percibimos a menudo que los que no quieren el cambio que proponemos están resistiendo nuestros esfuerzos. Lo cual puede ser verdad o no. Pero cuanto más nos aferremos a esta interpretación, más ímpetu tendremos que darle a nuestros esfuerzos por el cambio, con la consecuencia de que más fuerza tendrán que hacer las resistencias para no ser arrrolladas. Esto se convierte en un círculo vicioso de “acción por el cambio – reacción en contra” que no conduce más que  a la pseudoacción y al desgaste mutuo.

Mucho mejor concebir que lo que identificamos como fuerzas resistentes (sean personas, inercias, rutinas, estructuras, …) no son en realidad otra cosa que las fuerzas por la continuidad que nuestros esfuerzos por cambiar la organización han despertado.

Es nuestra forma de introducir y ejecutar el cambio la que ha de cambiar. Y la mejor forma de cambiar la forma de cambiar es empezar a pensar que lo que identificamos como resistencia no es más (ni menos) que la expresión de la necesidad de la organización de que no todo cambie. Y un síntoma de que a nosotros se nos ha olvidado preguntar por lo que no ha de cambiar. Si no les escuchamos, les obligaremos a pasar del “que no todo cambie” al “que no cambie nada”. 

Por eso el título de esta entrada: los que resisten no están haciendo otra cosa que (auto) asistirse para que no todo cambie