El reto de los invitados a participar

por Eugenio Moliní

En una entrada el 15 de diciembre del 2009, escribí sobre el reto que el propietario de un proceso participativo tiene que afrontar a la hora de decidir si quiere ponerlo en marcha. Definía al propietario como la persona que tiene el poder formal sobre la organización en la que el proceso participativo se va a dar y responsable de los resultados de ésta. Entre sus responsabilidades entra también la de decidir a qué personas invita a participar.

Por su parte, los participantes han de afrontar su propio miedo a la asunción de responsabilidad por propias propuestas y decisiones. Pocas cosas hay que más asusten a las personas que encontrarse algún día ante su responsabilidad sin ningún tipo de salvaguarda. La creatividad a la hora de evitar enfrentarse a ella es infinita. (ver también esta entrada)

De la misma forma que el propietario requiere apoyo para disminuir su nivel de incertidumbre y ansiedad a la hora de confiar en que los invitados hagan bien su trabajo, los participantes necesitan apoyo para disminuir su nivel de ansiedad ante la responsabilidad que, para muchos por primera vez en su vida, se les otorga al ser invitados a participar. Este apoyo suelo darlo de dos modos:

  1. Indirectamente entrenando al propietario en cómo comunicar transparentemente las las Condiciones de Contorno y el Output Deseado, así como en recibir y contestar las reaccciones con presencia transparencia y límites claros.
  2. Directamente en la sala, diseñando las reuniones de una forma que anime a las personas contribuir por todos los canales (cognitivo, emocional y espiritual) abriendo así un espacio de trabajo en el que la responsabilidad individual no es una amenaza sino motivo de entusiasmo.

Así  se ganará el propietario la confianza de los que ha invitado  participar y así se puede garantizar que todos contribuirán con toda su capacidad y que responerán a la confianza que en ellos ha depositado el propietario.