Acerca del optimismo y la esperanza

por Eugenio Moliní

La frase más famosa con la que se suele describir la diferencia entre el optimista y el pesimista es de Benjamin Franklin: “el optimista ve una oportunidad en cada contratiempo y el pesimista ve un contratiempo en cada oportunidad”.

Para mí es más importante la distinción entre esperanza y desesperanza. La actitud de esperanza es la que se basa en el convencimiento de que lo que uno hace es expresión del sentido que la propia existencia tiene. La desesperanza aparece pues, cuando lo que uno hace no tiene sentido para uno mismo.

El mensaje que mejor caracteriza la cultura occidental actual es lo felices que son los optimistas en comparación con los pesimistas. Este mensaje es emitido por todos los canales. Algunos ejemplos de los que me acuerdo así sin más:

  • Anuncios: ¡Porque te lo mereces! de l’Oreal (pocos habrán podido evitar escucharlo en la tele)
  • Marketing: la campaña Pepsi Optimism Project (basta con hacer una búsqueda por Google y verás)
  • Presidentes USA: aunque de diferente talante, tanto Bush como Obama son presentados como paladines del optimismo.
  • Psicología: el influyente y muy recomendable libro de Martin Seligman, cuyo título al castellano fué malamente traducido por “Aprenda optimismo”, es central en la Psicología Positiva, que a su vez es básica en muchos progaramas de formación en liderazgo, management, marketing, etc.
  • Autoayuda: no hacen falta ejemplos ya que todo este ramo de la actividad humana no tendría razón de ser si no comunicase un mensaje de optimismo. Un recorrido por cualquiera de las librerías especializadas lo evidencia.
  • Economía: a pesar de la crisis a la que nos llevó el desenfrenado optimismo económico de todos, el mensaje publicitario de bancos y financieras sigue intentando convencernos de que todo el monte es orégano, sólo que hay que esperar un poquito.
  • Liderazgo: el también muy influyente padre de la “Inteligencia emocional”, Daniel Goleman, sostiene en sus libros que el optimismo es la mejor fuente de éxito para un profesional o una empresa y añade que el entrenamiento en optimismo debería ser parte integral del entrenamiento de managers y empleados en cualquier empresa que se precie.

 A pesar de que autores serios como Seligman y Goleman también hablan del lado negativo del optimismo (la imprudencia) y del positivo del pesimismo (el realismo), sigue nuestra cultura occidental atrapada en la simplificación de describir las comportamientos humanos en términos de optimismo bueno y pesimismo malo. 

Podría parecer que estoy preparando una agumentación a favor del pesimismo, pero nada más lejos de mi intención. Lo que estoy construyedo es una salida de esta simplificación dicotómica, añadiendo el concepto de esperanza como punto medio desde el que se puede ser indiferente al optimismo y al pesimismo.

La esperanza añade una dimensión de la que estamos muy faltos en occidente ya que la esperanza nace a partirdel sentido que tiene lo que uno hace. Si tiene sentido hay esperanza. Si no tiene sentido, hay desesperanza.

A mí me resulta más útil usar como guía de mis acciones empresariales y consultivas este criterio de sentido y esperanza que la valoración optimista o pesimista de las perspectivas de éxito. Desde la esperanza puedo sostener mi motivación independientemente de si las circunstancias externas son propicias o no. Desde la esperanza tengo la garantía  que mi actividad profesional y mi empresa será expresión de los valores en los que la Participación Genuina se basa. Desde el optimismo sólo puedo trabajar por tener éxito. Son dos criterios distintos que construyen dos empresas distintas.