Pasmados ante el Multiverso

por Eugenio Moliní

Si hay una emoción que más caracteriza nuestro tiempo es el pasmo. Es una palabra bellísima y multisemiótica que se usa para describir todos estos estados: fascinación, asombro, admiración, sorpresa, desconcierto, estupor, extrañeza, aturdimiento, estupefacción, etc.

Cada vez más a menudo tenemos que ver con personas que ni quieren ni pueden entender el mundo de la misma forma que nosotros. Tenemos que convivir y trabajar unos con otros, poniéndonos mutuamente en situaciones que nos obligan a hacer una elección fundamental: salir de nuestra zona de confortabilidad o retraernos a enclaves en los que sentirnos cómodamente arropados por los que tienen los mismos referentes que nosotros. Cada vez emerge mas nítidamente la realidad compleja y diversa del multiverso, haciendo más difícil mantener el espejismo de que vivimos en un universo. 

La realidad es que el universo ya no existe más que en la imaginación de los que eligen retraerse a esos enclaves de homogeneidad, de los que están en su sitio, de los que tienen pedigrí de purasangre. Es fácil pensar que los únicos que se retiran a los “enclaves universo” son los fácilmente identificables fundamentalistas e integristas religiosos o ideológicos. Pero hay otros “enclaves universo” más difícilmente identificables como tales, pero aún más peligrosos para el futuro de la humanidad.

Los autoproclamados “ejecutivos globales” se creen que tienen competencia multicultural porque semanalmente vuelan miles de kilómetros para reunirse en diferentes continentes con ejecutivos de otras culturas y con rasgos distintos que ellos. No se dan cuenta de que en realidad viven en un enclave en el que, a pesar de las diferencias culturales, todos aquellos con los que se reunen han ido a las mismas escuelas de negocios, han leído los mismos libros, tienen experiencias laborales similares y se reunen en salas de reuniones igualitas, independientemente del continente en el que se encuentren. Mi sospecha es que toda esta parafernalia tiene como función evitar el pasmo de estos ejecutivos ante la diversidad y complejidad del multiverso, manteniendo el espejismo de que el universo en el que viven es todo lo que hay. Así toman las decisiones que toman.

Fuera de estos enclaves está el multiverso de los fuera de lugar, de los mestizos, de los que abrazamos la diversidad de las gentes y la complejidad de la realidad, de los que aprendemos continuamente. De entre nosotros surgen y surgirán los verdaderos líderes globales. Sólamente los que vivimos en el multiverso y nos dejamos pasmar por él podremos abrir espacios de participación genuina para nuestros empleados si somos empresarios, para nuestros subordinados si somos directivos o cargos, para los ciudadanos si somos políticos, para los miembros si somos responsables en una ONG.

Las mejores decisiones son tomadas por personas con diferentes culturas, especialidades, perspectivas e intereses que, tras pasmarse ante la belleza y la complejidad del multiverso, se ponen a pensar juntos y a decidir autónomamente sobre el futuro común. De esto va la participación genuina.

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