Poner la otra mejilla

por Eugenio Moliní

Ayer, se estableció una conversación intresante entre los participantes musulmanes y los cristianos sobre el significado de la humildad en las dos culturas / religiones, con los budistas y hindúes como testigos asombrados de los razonamientos que se seguían. La conversación salió a propósito de un ejercicio sobre poder y creación de confianza que instruí.

Durante la conversación, uno de los cristianos de oriente medio (maronita creo) , contó algo que me puso sobre la pista de una interpretación, para mí nueva, del siguiente párrafo del Sermón de la Montaña:  

al que te abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla, vete con él dos.

Al volver a casa de Marco Helles (director de formación de la Cruz Roja Sueca) en donde suelo alojarme cuando vengo a Estocolmo, se lo cuento y me confirma lo que el maronita había dicho. Si alguien quiere leer algunos de los artículos que Marco ha escrito, sigue el enlace anterior y cliquea en la banderita española que hay al lado de cada artículo para que te salga en castellano.

La historia es que en el Imperio Romano, como en la India y muchos otros sitios hoy en día, la mano izquierda se usaba sólamente para limpiarse el trasero. Cualquier otro uso que se hiciera con ella era una transgresión e implicaba un deshonor para el que lo hiciera. Otro código era que si se quería humillar a alguien, se le daba una bofetada con el dorso de la mano derecha, ya que hacerlo con la izquierda suponía deshonor para el daba la bofetada. Dar una bofetada con la palma de la mano no era una humillación para el que la recibía sino un desafío a pelea entre iguales. La única forma de dar una bofetada en la mejilla derecha con la mano derecha es con el dorso de la mano. Si vuelves la otra mejilla, obligas al agresor a tratarte como a un igual dándote una bofetada con la palma de la mano derecha en la mejilla izquierda.

Lo de la túnica y la milla la explica Marco (que también es pastor protestante en una de las iglesias libres que hay aquí en Suecia) de la siguiente forma. Los soldados romanos tenían el derecho a requisar una prenda de las personas que se encontraban, siempre que no dejasen desnudos. Por aquel entonces, los judíos no llevaban más que túnica y manto. Los soldados romanos tenían también el derecho a obligarle a cualquiera a llevarle el equipo una milla del camino, no más.

A mí me suena a que ésta parte del Sermón de la Montaña no es un lamamiento a la sumisión sino a la desobediencia civil  no-violenta, utilizando las leyes del opresor contra el mismo.