Lo problemático de los plenos asamblearios

por Eugenio Moliní

Ayer estuvimos Sílvia y yo facilitando una reunión que cerraba un procesos participativo en un municipio.  En varias reuniones anteriores se han recogido los intereses y las propuestas de vecinos, comerciantes, y otras personas y grupos de interés sobre la remodelación de una plaza y reorganización del tráfico en sus alrededores. La reuniones anteriores han sido muy dificiles de facilitar dada la desconfianza de algunos participantes hacia cualquier iniciativa que viniese del consistorio y la intensidad de la ira expresada. A pesar de ello, los arquitectos han podido recoger las opiniones e intereses de los participantes y los han incorporando a las distintas soluciones que han ido proponiendo. Tras varias vueltas en el consistorio y en las reuniones participativas, una solución se ha visto como la más adecuada y el ayuntamiento se ha decidido por ella. No eraa del gusto de todos, pero esto era imposible dado la contraposición de los intereses de algunos participantes.

La reunión de ayer era la de cierre del proceso. Los arquitectos y los políticos presentaron la propuesta definitiva y se abrió un turno de palabra en pleno. Nos habría gustado poder facilitar la reunión con otro método, pero en este proyecto nos hemos encontrado con una resitencia inusitada a la hora de romper los plenos y trabajar en grupos más pequeños.

Muchos entienden que la mayor expresión de democracia directa y participación es la que se da en plenos de cárácter asambleario. Pero nuestra experiencia es que no es así. La desventaja de los plenos asamblearios es que hay un riesgo muy alto de que lo siguiente suceda:

  • que los que más alto hablan ocupen el tiempo y el espacio de todos
  • que los que tengan opiniones diferentes secuestren la reunión con un estéril debate sobre lo erróneo de las posiciones del otro y viceversa,
  • que se expresen opiniones anónimamente, sin responsabilizarse de ellas
  • que la reunión se convierta en una serie de interrupciones y contrainterrupciones
  • que la reunión se convierta en una serie de cuchicheos con los de al lado 
  • que la reunión trate de todo menos del tema que se quiere solucionar

Ayer empezó a suceder esto, pero Sílvia lo manejó de la única forma posible que es congruente con nuestra filosofía participativa: intervino a medio tiempo haciendo la observación de que varios participantes se levantaban y se iban y que probablemente era por el clima de interrupciones, cuchicheos y demás  que se estaba creando.

Tras esta intervención cambió muy marcadamente el clima del pleno, y de haber sido una reunión asamblearia con todos los inconvenientes que antes he enumerado, se convirtió una reunión en la que los participantes hablaban y se les escuchaba, nadie interrumpía al otro, nadie copaba el espacio, etc.