La instrumentalización del yoga

por Eugenio Moliní

En el País de ayer domingo 6/9 – 2009, en el suplemento de negocios, viene un artículo “Contra el estrés, pruebe el yoga” en el que Borja Vilaseca entrevista a varias personas, que entre otras cosas dicen: 

  • “En el mundo de la empresa el yoga permite que los trabajadores estén mejor consigo mismos y, por tanto, su rendimiento sea mayor y más sostenible”
  • “Gracias a la práctica del yoga, ya no me estreso en el trabajo y rindo más y mejor”

Sí, es verdad. El yoga ayuda con eso y creo que es bueno que cada vez más personas practiquen ésta y cualquier otra práctica corporal o espiritual que les ayude a aumentar su bienestar.

Hace un año escribí esto:

En todo gimnasio o centro cívico que se precie se dan hoy en día cursos de Yoga y Mindfullness. Para bien y para mal, la vía espiritual hacia la conciencia de la interconexión e interdependencia de todas las cosas se está masificando y convirtiendo en un servicio más a consumir. Mientras que hasta hace poco las dificultades que las personas teníamos para hacernos una idea de la unidad de todas las cosas por la vía de la meditación y otras prácticas espirituales provenían de sus exigencias ascéticas y eremitas, intuyo que las dificultades futuras provendrán de su paulatina conversión en un servicio de consumición de masas que probablemente las desvirtúe.

Creo que me quedé corto. No me cabe duda de que la práctica del yoga y la meditación  tendrá a corto plazo efectos positivos en la vida de las personas e incluso puede llegar a cambiar su actitud con respecto a todos los aspectos de su vida que contribuyeron  estresarlos. Lo problemático es la instrumentalización que se hace del yoga y la meditación al fomentar su práctica en aras de de la productividad y de la eficacia. Estas razones van en contra de la raíz filosófica de éstas prácticas corporales y espirituales y además refuerzan la organización del trabajo que produce el estrés de las personas.

Aunque sea por las razones equivocadas, no puedo más que animar a la práctica de estas disciplinas. Me queda la esperanza de que la práctica lleve a las personas a darse cuenta de que no son sólo ellos y sus actitudes los que les han producido el estrés sino también un sistema que deshumaniza a las personas convirtiéndoles en Recursos Humanos que hay que cuidar, como cualquier otra inversión.

Me resulta cada vez más obsceno que prolifere la oferta del bienestar y la felicidad instrumentalizados para “rendir más” . En Suecia viví la explosión de este tipo de oferta. Allí, el yoga, la meditación y otras prácticas similares se han convertido en “commodities”, es decir en productos estandardizados que da igual quién los oferte y entre los que el  único factor diferencial posible es el precio. La maestría en el “ser y estar”, objetivo original de todas estas prácticas, deja de tener valor y se convierte en la maestría en “rendir más”.

En otras palabras, lo que aparentemente es una invitación a la excelencia, es en realidad una invitación a la mediocridad.