La idiosincrasia mediterránea como excusa

por Eugenio Moliní

¡Ya sabes cómo somos los mediterráneos! ¡Las reuniones estructuradas no funcionan aquí porque llevamos las emociones a flor de piel, no como los fríos nórdicos! ¡La participación aquí no va funcionar porque el estilo de gestión mediterráneo es mucho más autoritario que el del norte de Europa!

Estos y otros argumentos por el estilo he oído en varias ocasiones cuando hemos trabajado con procesos participativos  en la administración pública de ámbito local. (Nunca en empresas ni en la administración de otros ámbitos) Curiosamente se han utilizado para justificar comportamientos muy poco profesionales, a veces incluso auto-saboteantes: tareas no ejecutadas, improvisaciones chapuceras, los olvidos, las cosas hechas a medias, las auto-trampas, las promesas no cumplidas y las reuniones caóticas.

He llegado a la conclusión de que estas ideas que sobre sí mismos expresan es lo que en el campo de las identidades y las diferencias culturales llamamos “el estereotipo internalizado” (o introyectado). Las definiciones de estas dos palabras son:

  • Estereotipo: Imagen o idea decarácter inmutable, aceptada comúnmente por los miembros de un grupo o sociedad,  sobre el propio grupo, las personas miembro, otros grupos o el mundo.
  • Internalizar o introyectar: Proceso psicológico por el que se hacen propios, sin llegar a asimilarlos, rasgos, conductas u otros aspectos del mundo que nos rodea, como por ejemplo la idea que otros tienen de nosotros.

No sé de dónde viene el origen de esta idea stereotipada de la cultura mediterránea, pero tiene un tufillo que no me gusta por dos razones:

  1. Se parece demasiado al que se utilizaba para justificar la dictadura cuando decían que los españoles no estamos preparados para la democracia. Ahora se usa para argumentar que  ni la administración está preparada para invitar a los ciudadanos a participar ni éstos a participar en los asuntos que les atañen.
  2. Se usan para justificar la propia ambivalencia ante los procesos participativos sin responsabilizarse de la resistencia que de hecho se está haciendo (a veces por la misma persona o entidad que nos ha contratado). He oído este argumento de responsables políticos y técnicos ante procesos de participación ciudadana. Pero lo que más me ha sorprendido es que también lo han usado algunos ciudadanos durante una reunión participativa cuando les hemos explicado el método que íbamos a usar: ¡Huy! ¡Esto no va a funcionar aquí! ¡Aquí nos va la marcha!

Como conclusión quiero decir que no estoy en absoluto de acuerdo con esta descripción de la cultura mediterránea. Sí que nos va la marcha. También sabemos ponerla entre paréntesis. Tengo múltiples experiencias del profesionalismo con el que se hacen las cosas cuando existe la voluntad de llevar a cabo un proceso participativo en toda regla. La diferencia consiste en que, en estas ocasiones, las resistencias y ambivalencias se han ventilado abiertamente y se han tenido en cuenta a la hora de de definir las Condiciones de Contorno y diseñar el proceso.