La grupitis y la jerarquitis

por Eugenio Moliní

James Surowiecki, en su muy interesante libro “Cien mejor que uno”, puso palabras a lo que yo he visto en los cerca de 60 procesos participativos y equipos fluidos con los que he tenido oportunidad de trabajar: las mejores decisiones son tomadas por personas que piensan juntas y deciden autónomamente.

Dos enfermedades llevamos las personas que nos impiden a menudo contribuir a que las decisiones colectivas sean las mejores posibles. Una es la grupitis, que nos impelea adaptarnos a la presión grupal. La otra es la jerarquitis, que nos impele a  obedecer.

Se pueden paliar los efectos de esas enfermedades para mejorar la calidad de las decisiones en empresas y organizaciones. Algunas de las posibles acciones podrían ser:

  1. Los individuos pueden poner atención en cómo abdican de su responsabilidad conformándose al grupo u obedeciendo a la jerarquía en las situaciones en las que tienen una opinión propia.
  2. Los responsables de formar un equipo pueden juntar a personas diferentes y apoyarlas para que en todo momento aporten desde su diferencia.
  3. Las organizaciones y empresas pueden poner en el equipo directivo y el consejo a un abogado del diablo cuyo mandato sea el de romper el consenso prematuro y la obediencia ciega.
  4. Las entrevistas de selección pueden elegir a personas que aporten algo distinto, más allá de los competencias que se anden buscando.
  5. En las evaluaciones de personal se puede introducir entre los indicadores positivos el capítulo de “errores cometidos y lecciones aprendidas” desde la última evaluación.