De proctoscopias, rezos y otras fantasías

por Eugenio Moliní

Las exclamaciones que suelo oír cuando los participantes entran por primera vez en una sala amueblada con un círculo de sillas son de los más variopintas. Algunas de ellas son:

“¿A que vamos a jugar hoy?” – “¿Y esto va de ¡Hola soy Luis y soy un alcohólico!?” – “¡Me han traído a un grupo de terapia y yo sin saberlo!”  – “¿Y aquí que vamos a hacer?: ¿Rezar?” – “Vaya, ya nos van a dinamizar otra vez!”

He reflexionado mucho sobre las razones de este tipo de reacciones y he formulado la hipótesis de que, independientemente de las peculiaridades de cada caso, tienen todas un origen común. Los que así se expresan han estado involuntariamete expuestos en alguna ocasión a la presión grupal, de sus jefes o de sus mayores para participar en actividades encaminadas a auto-conocerse mejor, desarrollar una comunicación más auténtica o abrise a los demás. Hasta hace muy poco estaba de moda hacer este tipo de actividades enmascaradas de “team-building”. Por suerte la crisis ha hecho que esta oferta desaparezca. Esperemos que no vuelvan a aparecer cuando la economía se recupere.

Estas situaciones de coerción pueden haberse dado en muchos contextos: en la escuela, en los scouts, en el trabajo, … Sea cual sea el contexto, todas tienen en común que las personas no tienen posibilidad real de decidir si quieren o no quieren participar. Y ya se sabe que las personas tenemos la tendencia natural a resistir ante la coerción, sea explícita o no, bienintencionada o no. De esto he escrito en otra entrada el 21/07/2009:  “Participación tiene que estar enfocada en la tarea”

Los procesos participativos que nosotros diseñamos y facilitamos no enfocan las relaciones ni las personas sino una tarea común: resolver un problema, buscar nuevos mercados, urbanizar una calle,  arreglar un puerto, mejorar la productividad o formular nuevas estrategias. Esta explicación tenemos que darla a menudo para que los participantes se enfoquen en la tarea  en vez de dedicarse a defenderse de presiones que han sufrido en experiencias anteriores, pero que en la situación actual son imaginadas.

Un médico, que entraba en una sala para una reunión participativa para pensar juntos en torno a una reorganización de un hospital, expresó su resistencia con claridad, contundencia y elegancia:  ” ¡Lo tienen claro si se creen que nos vamos a dejar hacer una proctoscopia*!”

Mi respuesta fué darle la razón en que yo tampoco me dejaría que se me hiciese el molesto examen sin mi consentimiento. Añadí que mi intención era facilitar la reunión enfocado en la tarea, no en las personas, y que desde luego tenía todo el derecho a protegerse como viese más conveniente si en algún momento sentía que estaba siendo expuesto a algo que no quería. Curiosamente, este médico se comprometió con gran entusiasmo a llevar la comisión que coordinaría todo el proceso de reestructuración del hospital según el plan que se formulá durante el proceso participativo.

¿El secreto? Dejar a las personas en paz y abrir un espacio participativo en el que, si así lo eligen, puedan trabajar juntas en el marco de unas Condiciones de Contorno pre-definidas. 

* Proctoscopia: examen mediante un instrumento, el proctoscopio, que se inserta en el recto. Un proctoscopio es un instrumento con forma de tubo delgado con una luz y una lente para observar.