¿ Puede la “innovación” y las “mejores prácticas” coexistir en una empresa de éxito?

por Eugenio Moliní

Julia Fisher Baumgartner lanza en su blog esta interesante pregunta, y la razona como sigue (traducción mía del inglés):

El término “mejores prácticas” (best practices) se ha definido como “métodos de operar estandardizados y publicados que demostradamente producen el mejor rendimiento y resultados en una determinada industria u organización”. Al mismo tiempo, la innovación es descrita como “la introducción en el mercado de una novedad en la forma de de un nuevo producto o servicio, o una mejora de procesos o de organizaciones”. Las empresas son espoleadas al mismo tiempo a innovar y a usar las “mejores prácticas” para seguir siendo competitivas. ¿Pero no son las innovaciones y el uso de las “mejores prácticas” mutuamente excluyentes?

Me encanta cómo Julia detecta la tensión entre las fuerzas por el cambio y las fuerzas por la continuidad entre dos conceptos que hoy en día están de moda y en la boca de todos.  Mi respuesta a la pregunta que hace es desde la perspectiva Gestalt – Sistémica desde la que trabajo.

Sería muy fácil contentarse con ponerlas en relación puramente excluyente y considerar que plantean un problema a resolver. Pero no son un problema a resolver sino un dilema a manejar en todas las escalas temporales (estrategia, proyecto, cotidianeidad), niveles de sistema ( individuo, equipo, organización, mercado) y dimensiones existenciales (corporal, emocional, mental y espiritual).

La diferencia entre problema y dilema es que el problema tiene solución que lo resuelve de una vez por todas, mientras que el dilema nos plantea una situación que hay que saber manejar de la mejor forma posible ya que no tiene solución sostenible. Los dilemas tienen la peculiaridad de que cualquier intento de resolverlos irá en la dirección de uno u otro polo de la encrucujada. El polo que no se haya atendido en la solución elegida volverá a actuar desde la sombra, saboteando la solución elegida. 

Más concretamente. Una empresa que elige abrirse plenamente a la innovación sin pararse a formular las prácticas que han puesto en marcha para hacerlo, probablemente sentirá las resistencias de algunos sectores a esta “innovación continua que amenaza nuestra identidad, las fórmulas que nos han llevado a ser los que somos y a los éxitos hasta ahora logrados”. Por el contrario, una empresa que apueste por el seguimiento a rajatabla de las buenas prácticas que les llevaron a los éxitos pasados, probablemente verá algún tipo de resistencia a la continuidad: la aparición de focos aislados en los que personas innovan a escondidas, que la gente se desanima y cae en  “que me digan lo que tengo que hacer ya que saben tanto”,  o que su gente más inquieta se vaya a los competidores.

Hay muchas formas de manejar este dilema y por lo general ésta es la esencia de la mayoría de los encargos que recibo de mis clientes: apóyanos para encontrar nuevas formas de manejar los dilemas ante los que la realida compleja nos pone.

Y la respuesta que damos es casi siempre la misma: Si no sabes, pregunta a tu gente que seguro que tiene ideas. La participación es la mejor forma de encontrar formas consensuadas de manejar los dilemas como por ejemplo es que Julia Fisher plantea entre innovación y “mejores prácticas”.