Cuatro democracias se encuentran en la plaza del pueblo
Desde la intervención de los antidisturbios de los Mossos en Barcelona, me han consultado tres políticos de dos ayuntamientos sobre lo que deberían hacer con respecto a los indignados que campan en las plazas de sus ciudades. Cuando les he preguntado la razón por la que me han llamado, me han contestado que porque soy un reconocido experto en participación. Bueno, comparto su percepción de ser un experto, pero creo que aún no soy especialmente reconocido. Aunque si el río suena, agua lleva. Dicen.
A los tres les he contestado lo mismo:
Aquí están en liza por lo menos cuatro principios democráticos, que a mi modo de ver tienen la misma legitimidad:
- La democracia representativa por la que los ciudadanos eligen una vez cada cuatro años a sus representantes políticos, en los que delegan una gran parte del poder de tomar decisiones entre elección y elección.
- La democracia directa, por las que los ciudadanos se reservan a sí mismos el derecho a decir lo que quieran, donde quieran y cuando quieran. Las leyes que regulan este derecho deberían buscar la forma de garantizarlo, no de interferir con el derecho a que el ciudadano se exprese.
- La democracia participativa, por la que los ciudadanos son invitados por la administración a participar dentro de los foros que la misma administración habilita, sean estos habituales (p.ej. los turnos de palabra al final de cada pleno de un ayuntamiento) o puntuales (p.ej. un proceso participativo para recoger las aportaciones de los ciudadanos sobre un tema concreto).
- La democracia asociativa por la que los ciudadanos se organizan según intereses grupales o ideológicos, (aquí se encuentran los partidos, asociaciones gremiales o de vecinos, ecologistas, …).
Desde mi punto de vista, una vez elegido, la lealtad de un político municipal no ha de ser a su partido ni a ningún grupo de interés en particular, sino al bienestar de los ciudadanos y a la calidad de la convivencia entre éstos.
Por lo tanto, un político municipal que reconozca la igual validez de los cuatro principios democráticos, debería dedicar todos sus esfuerzos a fomentar el diálogo entre todos los sectores de la población que tienen intereses divergentes o incluso opuestos. Para esto ha de poner los recursos del ayuntamiento al servicio del diálogo entre los indignados, los comerciantes, los vecinos de la plaza ocupada, etc. para que ellos mismos encuentren soluciones que satisfagan las necesidades de todos. Lo que no vale es que las instituciones, que deberían estar al servicio de los ciudadanos, se conviertan en parte con intereses propios y que ataquen, desde su monopolio de la violencia, al sector de la ciudadanía que elige hacer oír su voz por medio de la democracia directa. O peor aún, que se alíen con determinados sectores de la ciudadanía en contra de otros.
Es completamente absurdo que los ayuntamientos consideren que la única labor democrática que han de hacer entre elección y elección sea la de la democracia participativa, que se lleva a cabo por los canales establecidos y contempla únicamente el diálogo entre el ciudadano y la administración (en los sitios en los que funciona, que son pocos).
La calidad de la democracia directa, es decir del diálogo entre distintos grupos de interés, es una de las piedras angulares que confieren robustez a una democracia total en una sociedad, y no únicamente el diálogo entre los ciudadanos y sus representantes políticos.
En definitiva: menos palos de la administración a los ciudadanos que expresan sus opiniones en la calle, y más espíritu de servicio, apoyando a los ciudadanos de diferentes colores e intereses que quieran dialogar y buscar soluciones a los problemas comunes.
Sólo uno de los políticos que me han consultado se ha creído que esto sea posible. A los tres les he ofrecido mi colaboración, poniendo mi “reconocida experticia” al servicio de sus ayuntamientos. Ya iré contando si hay continuación.
Sr. Moliní, entre todas estas democracias que usted comenta a mi gustaría utilizar mi parte de la democracia directa y poder decir lo que quiera donde quiera pero resulta que no puedo decir lo que quiera en medio de la plaza Catalunya ya que se ha ocupado y mi derecho de ciudadano de utilizarla ha desaparecido. Me hubiera gustado celebrar la victoria del Barça en medio de la plaza Catalunya pero tampoco pude porque estaba ocupada y tuve que ir al arco del triunfo. ¿Donde están mis derechos? De tanto defender los de los demás llega un momento en que no soy capaz de encontrar los míos. ¿Por que dice usted menos palos de la administración? ¿Puede por favor iluminarme y decirme como hubiera usted desalojado la plaza de Catalunya de un colectivo que no tiene interlocutores y que después de decirle por activa y por pasiva que saliese, se negó? Estoy en contra de la violencia igual que lo estoy de las sanciones pero lamentablemente llega un momento en que no tienes más remedio que sancionar. Si mañana decido protestar por que estoy indignado por ir por una autopista de 3 carriles, sin tráfico, a 110 km hora y mi protesta se basa en circular a una mayor velocidad ¿me defenderá usted cuando me queje por que me han sancionado al no respetar las leyes? Su exposición me parece perfecta, yo mismo estaría orgulloso de firmarla pero tengo una mala noticia para usted. No estamos en el mundo de Yupi.
Joaquim: Tiene usted toda la razón, y no por eso dejo yo de tenerla. ¿No es eso de lo que va la democracia?
A ver si es verdad y estás consultas tienen continuación… cualquier ayuntamiento que “por lo menos” se plantee la democracia participativa ya es para tener-lo en cuenta!
Cristina:
Pues sí, con lo mal que llevan la asignatura de la democracia participativa, la democracia directa es para “cum laude”